BIL01. ORLANDO (ESTADOS UNIDOS), 08/06/2016.- El jugador Philippe Coutinho de Brasil celebra la anotación de un gol ante Haití hoy, miércoles 8 de junio de 2016, durante un partido entre Haití y Brasil por la Copa América Centenario 2016 en el estadio Camping World de Orlando (Estados Unidos). EFE/LUIS TEJIDO

Brasil se luce humillando a haití en la Copa America

Nada mejor que un rival como Haití para ayudarte a recobrar la autoestima.

Pero aunque se enfrente a un rival débil, uno tiene que jugar.

Y Brasil jugó.

Jugó bien.

Jugó como se espera de Brasil. Con autoridad, actitud, control del campo de juego y calidad en el toque del balón.

Mucho por la actuación magistral de Philippe Coutinho. Un joven de 23 años que brilla en el Liverpool pero sólo es titular de esta selección por las ausencias de Douglas Costa y Neymar.

Dunga prefería a Elias y Renato Augusto.

Tras el partido de hoy, ojalá cambie de idea.

Coutinho recordó a Dunga que la camiseta canarinha pertenece a los artistas. Jugó como los mediapuntas históricos de Brasil jugaban. Con clase, la cabeza en alto, pases precisos, regates y gol.

Abrió el marcador con un golazo que salió de una magnífica jugada individual. Recibió el balón por la izquierda y arrancó en diagonal. Se libró de dos haitianos y, desde la frontal del área, soltó una bomba en la escuadra derecha del portero Placide. El primero de Brasil en el partido y en la Copa América.

Si Coutinho era el agresor por la izquierda, Willian y Dani Alves también hicieron un buen partido llevando peligro por la derecha. Fue de ahí que salió el segundo.

Alves recibió passe de Casemiro y centró para Jonas, entre dos centrales. El delantero del Benfica se aprovechó del error de los rivales para dominar y asistir a Coutinho que, libre en el segundo palo, sólo tuvo que empujar para dentro de la portería.

2-0.

Haití sintió el golpe y regaló el tercero a Brasil en un error de nerviosismo. Placide se equivocó en la salida del balón y se lo dio a Dani Alves que centró rápido para que Renato Augusto marcara de cabeza, totalmente libre en el área haitiana. 3-0.

La primera parte fue tan positiva que hasta Dunga fue razonable, volviendo del descanso con Gabriel Barbosa – el Gabigol, delantero del Santos – por Jonas, que no hizo buena primera parte.

Gabigol guardaba buenos recuerdos de Haití, ya que les había metido dos goles y una asistencia en la goleada 5-1 de la selección olímpica el año pasado.

Y tardó sólo 13 minutos para mantener su racha personal ante el rival.

Elías arrancó en velocidad por el medio y dio un pase en profundidad para Gabigol, que cambió el balón para su pierna izquierda en la frontal del área y fusiló a Placide.

El buen humor de Dunga aumentó tras el cuarto de Brasil, tanto para sacar a un pivote como Casemiro para poner a Lucas Lima, un mediocentro de corte más creativo.

Otra decisión acertada.

Coutinho inició la jugada por el centro y cambió de banda para Dani Alves que centró para Lucas Lima que, de cabeza, marcó el quinto de Brasil.

El gol del honor de Haití vino en una relajación de la defensa brasileña que permitió la aproximación de Louis por la izquierda. Él centró para Nazon, que finalizó libre en el área. Alisson hizo buena parada pero despejó a los pies de Marcelin, que remató en el área chica. 5-1, un gol que celebrado por toda la grada, incluso por la afición brasileña, que echaba de menos un motivo para festejar con su selección.

Brasil siguió atacando y presionando con Gabigol, Willian, Lucas Lima y Coutinho. Placide hizo un par de buenas paradas y los brasileños fallaron por exceso de tranquilidad. Pero el sexto finalmente vino a los 85 minutos, en jugada individual de Renato Augusto. El mediocentro que actúa en el fútbol chino arrancó por el centro y tiró raso pegado al palo izquierdo de Placide.

El hat-trick de Coutinho salió en el tiempo añadido. Un bello tiro desde la frontal del área, a la escuadra.

Final: 7-1 para Brasil. Un partido que no dice mucho sobre las posibilidades de Brasil en la Copa América. Pero que sirve como un bálsamo. Una ayuda para levantar la autoestima de la Canarinha en un momento en el que sufre la enorme presión de su hinchada.

(Cortesía: AS)

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